
Aunque ya hayas dejado el teatro, aunque nunca más te vuelva a ver, se que sigues sintiendo aquello…aunque ya no signifique nada.
Fue como un acto, como el subir y bajar de aquel telón rojizo. Aquella obra tan efímera y bonita que tanto nos duró. Sólo nos queda ahora las emociones que provocamos en los espectadores cuando salimos tras ese telón con nuestras historias. Todo se ha ido y sólo quedan las emociones. Lo único que vale. En aquel momento tenia gracia aquella comparación de la vida con el teatro, parecía que fuera cierta incluso. Todo era teatro. Y todo era vida. Hasta el punto de la confusión. Eras teatro. Somos teatro.
